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 La negació de l'Holocaust

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AutorMissatge
Sayeret
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MissatgeAssumpte: La negació de l'Holocaust   Dt Gen 23, 2007 1:15 am

sábado, diciembre 16, 2006

La negación del Holocausto



Escribí este texto hace un año. El nazislamismo de Iran confirma

todos los temores ahí expresados. Hoy negamos la Evolución, el

Holocausto, el Sol como centro del Universo y si así seguimos el

árbol que nos vio nacer hace 100.000 años nos verá regresar como

monos estupidizados.



Esteban

gracias por tu mail. el texto que me enviaste me conmovió y te

felicito por tu sinceridad, y la forma en que lo escribiste

fue un gusto conocerte y sigamos en contacto

saludos

Jack



(Jack Fichs, sobreviviente del Holocausto)



Auschwitz: motivos para la memoria



Una recorrida por los foros de la web y los textos de diversos sites,

me ha hecho reflexionar seriamente sobre el error en que viví hasta

ahora.

Yo creía, ingenuamente, que se había cometido una tremenda injusticia

contra los judíos durante la segunda guerra. Y creía que dicha

injusticia la había cometido el régimen nazi y, debo confesarlo,

creía también que dicha injusticia fue…comprendida, ¿avalada? por

alguna parte del pueblo alemán. Esto último siempre revulsionó mi

conciencia democrática, porque hasta cierto punto esto suponía una

agresión, una acusación a una comunidad, un pueblo, exactamente lo

mismo que yo condenaba en el caso de la matanza al pueblo judío. ¿No

estaba yo matando al pueblo alemán al acusarlo de complicidad con el

exterminio a los judíos? ¿No era yo, no en acto aunque si en potencia

un exterminador, un antigermánico, un propiciador de la "solución

final al problema…alemán"?

Es por eso que, cautamente, guardaba esos sentimientos.

Lo innegable para mi era que un régimen político, el nacional-

socialismo, había imaginado, planeado, ejecutado y ocultado la más

cruel, masiva y discriminada matanza de la Historia. Un plan

siniestro que condenaba a la muerte por gas, fuego, hambre, frío o

fusilamiento y por el solo hecho de pertenecer a una etnia, a todos

sus miembros: hombres, mujeres, ancianos, niños, enfermos o sanos,

locos o cuerdos, buenos o malos.

Una afrenta que la Humanidad no perdonaría jamás.



Qué equivocado estaba, por Dios!

En realidad las cosas no fueron así, las cosas nunca son fáciles ni

claras, ni evidentes, nos insinúan ahora los bienpensantes.



Primero. ¿Existió tal masacre? Me dicen que es casi un invento, un

imposible técnico: dilapidar tantos recursos en un plan tan inútil

para la marcha de la guerra de Alemania contra los aliados.

Exageraciones creíbles porque, en efecto, los judíos habían sido

objeto real de persecución en la Alemania de la preguerra y no

gozaban de la simpatía del régimen. Pero de ahí a pensar en un plan

de exterminio, hombre!...

Lindo argumento. Casi lo compro. Me imagino así a todos los primos de

mis padres y sus hijos y nietos vivos, felices, en algún lugar de

Ucrania o de Moldavia, algunos llamándose quizás como yo, Stefan

Lijalad o Carl Mordcovsky. Decenas de familiares desconocidos pululan

en Europa del Este ingenuamente, sin saber lo preocupados que estamos

los primos americanos por su suerte. Algo tontos los tipos ¿no?

Pudieron habernos avisado ( "Estamos bien, vivos, todas mentiras

aliadas…"), pero seguramente perdieron la agenda con los teléfonos.



Segundo. Si realmente ocurrió,¿ por qué exactamente debe ser

condenado el régimen nazi? Muchos ven la cuestión desde un punto de

vista diferente. Veamos.

Todo crimen es condenable, incluyendo el que cometieron los judíos

asesinando a Cristo, o los que cometen a diario contra los palestinos.

Toda muerte, todo asesinato es condenable, sigue el argumento,

independientemente de la cantidad de víctimas. En ese sentido, los

asesinatos nazis son tan condenables como cualquier matanza (los

asesinatos de los norteamericanos contra los indios, de los

holandeses contra los indonesios o , nuevamente, la de judíos a

árabes).

Toda muerte violenta es igualmente condenable: por ejemplo la que

cometen millones de mujeres abortando.

En fin, no hay nada especial en el exterminio a los judíos que

organizaron los nazis; forma parte del aciago patrimonio de la

humanidad.

Por otra parte, los judíos asesinando a palestinos no se diferencian

en nada de sus victimarios de ayer, así que TODOS ESTAMOS A MANO.

Lamentable lo de Auschwitz, pero no muy distinto a Sabra y Chatila .



Ni la cantidad de víctimas ni los motivos son, entonces, argumentos

válidos para condenar a los nazis.

¿Será posible, interrogo yo tímidamente entonces, condenar el

método?: ¿No parece especialmente cruel tomar a un grupo de familias,

por ejemplo, de la comunidad judía romana, en 1944, separar a hombres

de mujeres y niños, meterlos en vagones de carga sin ventilación;

hacer que sus excrementos se acumulen los cinco días de viaje;

bajarlos en una estación gritándoles órdenes en un idioma

incomprensible; separar a los que bajan en viejos y enfermos, y

hombres sanos; llevar a estos últimos a hangares de desinfección,

marcarlos, raparlos y mandarlos a unas barracas, mientras sus mujeres

y niños no sufren ninguna de esas vejaciones sino que son

introducidos sin mayores explicaciones en unos baños públicos para

darles una ducha de desinfección, que termina con sus gritos bajo la

lluvia de gas que sale de los grifos? ¿No hay algo DISTINTO,

esencialmente prehumano o extrahumano en el sistema, en su

planificación meticulosa? (Imaginemos al ingeniero encargado del

diseño de las duchas, al químico buscando la fórmula del gas que más

rápido acabe la escena de las duchas, a los constructores pensando en

el modo más veloz de deshacerse de cientos de cadáveres, en fin). ¿No

hay algo parecido al mal absoluto en el reciclaje de los muertos:

pelos para hacer colchones, grasa humana para jabones, dientes de oro

para el Tesoro del Reichbank?



Son estas, claro, solo preguntas de un ignorante de los vientos que

corren.

Cada pueblo- nos insinúan- tiene modos de expresión y defensa de sus

valores. El liderazgo nazi interpretó que el sentir de su pueblo era

la limpieza étnica de Europa y ejecutó ese deseo oculto de

generaciones germánicas. En un contexto como ese: ¿podemos juzgar a

Hitler con nuestros valores de occidentales actuales?

"¿Y por qué vamos a hacerle (nos grita Izquierda Unida de España) el

juego a los sionistas imperialistas masacradores de los palestinos?

Que conmemoren "ellos" los sesenta años de la liberación de

Auschwitz."



Guau. Confieso que estos argumentos me dejan casi sin palabras para

contrarrestarlos. Suenan casi ciertos. El problema es que son tan

inmorales como sus autores, divulgadores, exégetas o promotores.

Condenan al ser humano a un destino letal, amargo, seco como las

órdenes de un Kapo del Lander, un destino que no vale la pena ni

imaginar. Ocultan un cocodrilo enorme y cruel detrás de decenas de

pequeños cerdos y nos dicen: "¿ven? Somos todos iguales! Que vamos a

hacer, quizás algún día el Hombre mejore…Mientras tanto no les

quitemos a los neonazis el derecho a la libre expresión. Y que los

judíos dejen de rascarse la herida, porque, como dice Saramago, "YA

no les tenemos más simpatía por lo que les pasó"



Qué tonto, yo.

Sigo creyendo que Auschwitz no es una anécdota cruel, un exceso, el

caso extremo de una conducta común y habitual. Creo que fue un

resultado de dos mil años de prédica antijudía desde el púlpito, de

cientos de años de consolidación de una cultura xenófoba en la

Alemania "antiliberal", nacionalista y conservadora; de cien años de

búsquedas de "soluciones finales al problema judío", de cincuenta de

los siempre populares "Protocolos de los sabios de Sión"; y por

último creo que Auschwitz fue producto de una decisión implementada

por el movimiento " nacional y popular " germánico, con apoyo del

pueblo en su conjunto, en un delirante ejercicio de crueldad masiva,

eficiencia e hipocresía.

Recordar sin pausa, siempre, como una letanía, el horror nazi no es

hacer el juego a ningún otro horror: es prevenirse permanente y

constantemente, saber señalar que donde no hay límites, la conciencia

civilizada debe ponerlos; saber que un pueblo puede asesinar a otro,

que un niño puede ser convertido en jabón en nombre del interés de

una nación, religión, raza o ideología.

Auschwitz nos obliga a repensar los límites de lo humano, ni más ni

menos. Auschwitz no "le pasó a los judíos" como pretende Saramago: le

pasó a la Humanidad entera, poniendo en cuestión el concepto mismo

de "lo humano".

Creo, para terminar, que hay valores universales y que estos valores

no pueden ser suspendidos por causas ideológicas, por razones de

estado o "para defender la Revolución".

Creo en la vieja -¡ oh ingenuo!- Declaración de Derechos del Hombre

de 1789 porque creo en el Hombre, como proyecto. No creo que sea un

ser absurdo que vino a matar o morir en Auschwitz, o en un Gulag, en

un autobus de Tel Aviv, o en un campo de muerte de Pol Pot, en Bagdad

o en las hogueras de la Inquisición, en las Torres gemelas, o en un

campo de refugiados de Gaza..

Vino a ser un pequeño dios, un creador de vida - hijos, ideas, bienes-

, un constructor de cada instante de su paso por la vida, angustiado

siempre por la muerte que le espera al final del camino, pero aun así

con fuerzas para el optimismo.

Ideas antiguas las mías.

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